26 jun. 2016

Dolencias crónicas o degenerativas y derivadas del estilo de vida actual, amenazas para la salud

Enfermedades de sociedadDaños a la salud

Dolencias crónicas o degenerativas y derivadas del estilo de vida actual, amenazas para la salud


Latinstock
En España se ha pasado en pocas décadas de sufrir enfermedades infecciosas a sufrir, en la mayoría de los casos, enfermedades crónicas y degenerativas tardías también conocidas como enfermedades no transmisibles, las derivadas de nuestros hábitos y estilo de vida. Las enfermedades cardiovasculares constituyen un freno al verdadero motor de la esperanza de vida. Y aunque el individuo tiene en su mano más instrumentos de los que emplea para mejorar su salud, las decisiones que se toman cada día influyen en ella. Aún queda camino para avanzar hacia una mayor longevidad y con una mayor calidad de vida en los últimos años de nuestra existencia.

Las enfermedades de la civilización actual

España invierte en salud en torno al 9,5 por ciento de su PIB. Hace una década, rondaba el 7 por ciento. El crecimiento en gasto sanitario se está disparando en relación con el PIB. Esto ocurre porque nos hacemos cada vez más mayores, porque los pacientes piden mejor atención y por el aumento del precio de la tecnología. Cada vez hay más medios.
Ángel de Benito Cordón, director del Área de Gestión Médica de MAPFRE FAMILIAR, destaca que entre el 70 y el 80 por ciento del coste sanitario en nuestro país se produce por enfermedades crónicas. «Tenemos 36 millones de personas que tienen uno o más problemas crónicos. El 63 por ciento de las muertes se debe a este tipo de enfermedades. Es muy llamativo que el 30 por ciento de las muertes por cáncer se produce en relación a los hábitos de vida: la alimentación, la falta de actividad física, el tabaquismo y el consumo de alcohol. Esto es muy llamativo», proclama.
A su juicio, «no somos conscientes de lo que está pasando. Confiamos mucho en el sistema sanitario, y creemos que las medicinas y los hospitales nos van a curar». Advierte, por ejemplo, que, dentro de 15 años, uno de cada tres pacientes será diabético, y la mitad de ellos lo será en asociación al sobrepeso. Además, un 16 por ciento de la población diabética declara que sigue las indicaciones que se le marcan. Es decir, hay un 84 por ciento de personas con diabetes que no toma conciencia de su enfermedad. Lo mismo sucede con otras enfermedades como la hipertensión o la hipercolesterolemia. Esto significa que no se siguen las recomendaciones de los profesionales sanitarios.

Cambiar el foco

Estamos depositando en el sistema sanitario la responsabilidad de que nos cuiden. Debemos pensar que somos nosotros los que tenemos que hacerlo.
«Estamos depositando en el sistema sanitario la responsabilidad de que nos cuiden. El foco hay que cambiarlo. Tenemos que pensar que somos nosotros los que tenemos que hacerlo. Si no nos cuidamos, iremos a peor. Los autocuidados son fundamentales. El paciente crónico tiene que entender lo que le pasa y tiene que trabajar activamente para no tener complicaciones. Y las personas sanas no pueden bajar la guardia, ya que hay enfermedades que cursan con un periodo de desarrollo silente, hasta que finalmente dan la cara. La alimentación es crítica, al igual que el ejercicio físico y el descanso adecuado. Debemos tener mejores habilidades y ser conscientes de cuál es el problema», asevera este experto. Precisamente, para la mejora de la salud, el primer frente de ataque desde FUNDACIÓN MAPFRE es la sensibilización.
Dentro del campo de la salud y del cambio de hábitos, la más importante transformación llega para la esperanza de vida a los 65 años y lo que nos queda por vivir tras cumplirlos. «Ahí es donde hemos conseguido una gran revolución. Y esa revolución se acelera desde los años 70», indica Rosa Gómez Redondo, catedrática de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y directora del curso de Especialista universitario en prevención de riesgos y promoción de la salud, organizado por la UNED en colaboración con FUNDACIÓN MAPFRE.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 1991 la esperanza de vida femenina era de 80 años y la masculina se situaba en 73 años. En 2001, la de las mujeres estaba en 83 años y la de los hombres en 76 años. En 2011, la femenina se situaba en 85 años y la masculina en 79 años. «No hay visos de un tope por ahora», afirma Gómez Redondo. La combinación del desplazamiento de las muertes a edades más avanzadas y la concentración de las mismas hacia un pico de edad se produce actualmente en todas las sociedades desarrolladas. El logro de la humanidad esempujar a la muerte a edades cada vez más alejadas para poder disfrutar de la vida, del ocio y del trabajo sin sobresaltos, y sin que la vida se vea truncada de forma imprevisible. Esta es la tendencia.
En esta evolución, en España, al igual que ocurre en el mundo occidental, se ha pasado de sufrir enfermedades infecciosas a sufrir sobre todo enfermedades crónicas y degenerativas tardías y enfermedades de sociedad, relacionadas con nuestros hábitos y nuestro estilo de vida.
Gómez Redondo dice que «no hay que bajar la guardia». Así, el SIDA y los accidentes de tráfico provocaron una elevada mortalidad entre los jóvenes en los años 80 y 90 del pasado siglo. El SIDA, una pandemia mundial, provocó en España un aumento de la mortalidad y un descenso en la esperanza de vida.

Pilares de la mortalidad

Esta catedrática de Ciencias Sociales de la UNED distingue «cinco pilares de la mortalidad»: enfermedades del aparato circulatorio, tumores, enfermedades del sistema respiratorio, enfermedades mentales y enfermedades del sistema nervioso. Las dos primeras son las más importantes.
La tendencia de la mortalidad y la esperanza de vida es plástica, está en continuo movimiento. Las enfermedades del aparato respiratorio están muy ligadas a hábitos como el tabaquismo. Las enfermedades mentales y las del sistema nervioso, entre las que se encuentra el Alzhéimer, tienen un impacto emergente.
Las enfermedades cardiovasculares son el verdadero motor de la esperanza de vida. Por el abandono del tabaquismo, los hombres están reduciendo la mortalidad que producen los tumores. sobre todo el cáncer de pulmón. El comportamiento del hombre ante el tabaco se ha feminizado, mientras que el de la mujer se ha masculinizado. Probablemente las mujeres pagarán estas deudas cuando se acumulen los errores de estos hábitos poco saludables. En definitiva, los hombres están copiando los hábitos preventivos de las mujeres: acuden más al médico, cuidan más su cuerpo y su dieta, etc.
Los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso han crecido exponencialmente en todas las edades
Por otro lado, hay que tener en cuenta las enfermedades emergentes. Los trastornos mentales y del sistema nervioso han crecido exponencialmente en todas las edades. Producen incapacidad, dependencia y tienen un fuerte impacto en el contexto social y familiar.
De los cinco pilares de la mortalidad mencionados, en España disminuyen todas las enfermedades excepto los trastornos mentales y del sistema nervioso. Ya antes de la actual crisis el consumo de antidepresivos ascendía espectacularmente. No solo hay que preocuparse por aumentar la longevidad, hay que preocuparse también por aumentar la calidad de la vida.
La calidad de vida de los ancianos podría empeorar si no estuvieran arropados por un Estado del bienestar y por una familia que pueda atenderles
La tendencia demográfica apunta a que habrá menos población activa y, como vivimos más, un mayor número de ancianos. En clave de futuro, esto significa que la calidad de vida de los ancianos podría ser muy mala si no están arropados por un Estado del bienestar y por una familia que pueda atenderles.
El individuo tiene instrumentos para discernir entre la protección que puede aportar a la organización de su vida, dentro de las coordenadas sociales, y entre lo que puede demandar de ayuda a sus organizaciones, sus sociedades y a sus comunidades, para responder a sus necesidades.
Afortunadamente, el individuo tiene en su mano más instrumentos de los que realmente utiliza. La educación es clave. Nuestra socialización nos conduce a no cuidar de nosotros mismos, para que siempre dependamos de los otros: del médico, de la familia, de la empresa donde trabajamos, del abogado que nos defiende, etc. Para eso se nos ha formado. «Es normal que esto ocurriera en los que hoy son ancianos por falta de formación. Nosotros ahora ya somos generaciones, y sobre todo los jóvenes, muy preparadas. Las generaciones de adultos y de jóvenes en España tienen que cambiar el chip, tienen que hacerse responsables y líderes de su vida y de su entorno. Esto es muy fácil decirlo, pero luego hay que tener en cuenta lo que te permite el marco social, que impone limitaciones y condiciones de vida», declara Gómez Redondo.
A su parecer, queda todavía mucho margen y uno puede cuidar su salud, reducir el consumo de alcohol, mantener el peso adecuado, rehuir de la adicción a barbitúricos, tabaco o estimulantes, controlar la masa corporal, realizar actividad física y consumir una dieta equilibrada, entre otras. Las decisiones que se toman cada día, como poner azúcar al café o beber agua, afectan a nuestra salud.
Por otra parte, existen otra serie de factores externos que no siempre son controlables. El trabajo, tener una doble agenda de cabeza de familia y de cuidado de los padres ancianos, puede desembocar en una sobrecarga. Es algo inevitable, por mucho que se desee. Saber afrontar estas situaciones es clave.
Ante el tabaco, los hombres han feminizado su comportamiento, reduciendo su consumo, y las mujeres lo han masculinizado, aumentándolo
La edad, la salud y la muerte tienen una estrecha relación biológica. Hasta ahora no tenemos evidencia empírica de haber alcanzado el máximo de la supervivencia. «Esto significa que, desde un punto científico, a medida que avanzan los logros sociales, el conocimiento y la calidad de vida de las poblaciones, nuestra supervivencia sigue aumentando », insiste Gómez Redondo.
Entonces, ¿puede la actual crisis económica afectar a la salud de las personas? No inmediatamente, pero sí a largo plazo. La salud no es algo que responda de hoy para mañana. Los efectos de una epidemia, si no se pone en prevención epidemiológica, evidentemente se advierten con rapidez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada