30/4/2011

Reflexiones sobre la gestión de la seguridad industrial. Cuba

Documentos a texto completo CEPIS/OPS/OMS



Reflexiones sobre la gestión de la seguridad industrial

                                      Por: Sr. Ricardo Montero Martínez / La Habana, Cuba / 1997


 Resumen

La gestión de la seguridad industrial resulta un factor de competitividad en el mundo moderno de hoy. La historia de los estudios empresariales y de las teorías sobre las organizaciones en general no se ha concentrado fundamentalmente en este factor. En el presente trabajo se tratan de hacer reflexiones relativas al estado actual de los conocimientos acumulados hasta el presente, abarcando aspectos como: la identificación y evaluación de los riesgos, la gestión de la información sobre la seguridad, el factor humano, los programas de gestión de la seguridad, se hacen consideraciones sobre los investigadores y las organizaciones en la gestión de la seguridad , así como el potencial de uso que puede aspirarse de cada uno de estos aspectos en la práctica de las organizaciones. Finalmente se señalan algunas de las áreas de esta ciencia que a juicio del autor necesitan de nuevas investigaciones.
Palabras claves: seguridad, gestión, accidentes.

Introducción

La ciencia de la gestión de la seguridad está ganando un espacio cada vez mayor en la gestión empresarial. La función de la seguridad industrial fue definida por los clásicos de la materia esencialmente con la palabra control (Blake, 1963; Heinrich, 1959), y su significado siempre se ha interpretado de la teoría a la práctica como prevención. La prevención ha sido desde sus orígenes el fin de todos aquellos que se ocupan de la seguridad.
Las teorías sobre la organización han estado concentradas usualmente en la dirección de la producción, el marketing, personal, innovación y cambio organizacional, y no se han focalizado específicamente sobre la gestión de la seguridad.
La evolución de esta ciencia está, por una parte, creando numerosas dudas sobre la validez de algunos de los principios en que clásicamente se había basado, y por otra, ratificando la potencialidad de aquellos que han demostrado tener una amplia vigencia en nuestros días.
Como ciencia en pleno desarrollo la gestión de la seguridad tiene una serie de lagunas que necesitan ser investigadas, así como aumentados e integrados los conocimientos que se tienen acumulados, y sobre todo, expresados en una forma en que puedan ser utilizados por los practicantes en los contextos organizacionales mas diversos.
Es el propósito del presente artículo, sobre la base de su futura utilidad práctica en las empresas, el hacer algunas observaciones que ilustren lo anteriormente escrito, y presentar algunos de los campos que deben ser objeto de investigación para enriquecer la gestión de la seguridad en los entornos empresariales.

La identificación y evaluación de los riesgos

Este es el campo mas trabajado de todos tanto en el plano conceptual como en el práctico, y se corresponde con la primera etapa en la gestión de la seguridad, lo mismo si esta gestión es interpretada de forma secuencial, que de forma cíclica. Existen ya decenas de métodos que tienen como objetivo declarado identificar y evaluar a los riesgos, este es en sí, el mayor problema en esta área.
En efecto, la mayoría de los métodos disponibles en la literatura tienen como bases dos grandes fundamentos: la prueba y el error, o bien, teorías sobre las causas de los accidentes que no están totalmente comprobadas científicamente. La dificultad científica mas importante radica en la falta de estudios que comprueben la validez de los métodos existentes.
Salvo algunos pocos casos (Soukas, 1985, Poucet et al, 1987, Barry, 1992, Montero, 1995), no se conocen en la literatura estudios que avalen a muchos de los métodos existentes. El efecto mas importante en la práctica empresarial es la falta de criterios técnicos para escoger uno u otro método, y de hecho, esto provoca el desconocimiento del alcance de la información que se acumula. En el mejor de los casos puede ser aplicado un método demasiado exhaustivo, lo cual, si bien no afecta desde el punto de vista humano o de la mayor identificación de los riesgos, puede resultar muy costoso por no tener el empresario claridad de la relación coste/beneficio que tiene el mismo dado el contexto en que es aplicado.
El problema se agrava en la práctica cuando se tratan de valorar las consecuencias de una posible medida para reducir un determinado riesgo. En estos casos, salvo medidas muy evidentes o la realización de pruebas en el objeto, lo cual no siempre es posible por razones obvias, en la actualidad y considerando a la industria en general, solo el criterio de expertos permite tener alguna confianza técnica en la valoración de la reducción, valoración que generalmente es cualitativa en la práctica de hoy.
Por otra parte, en las dos últimas décadas se han desarrollado un conjunto de métodos para valorar cuantitativamente a los riesgos que han marcado el desarrollo de estos procedimientos (Soukas & Kakko, 1989; Kakko, 1991; Koivisto et al, 1991), pero sus objetos de aplicación han sido las altas tecnologías, como por ejemplo las ramas nucleares y las químicas. Estas técnicas han tenido un gran impacto en estas ramas, pero no está nada claro que transformaciones deben sufrir para poder ser aplicadas a las bajas tecnologías o tecnologías convencionales, y lo cierto es que al parecer no se justifica económicamente su aplicación, tal y como están disponibles en la actualidad.

Gestión de la información sobre la seguridad

La información sobre la seguridad ha sido un campo poco desarrollado de la gestión empresarial. A pesar de algunos esfuerzos notables a lo largo del tiempo, es poco lo utilizado en la práctica empresarial que difiera de los clásicos índices de incidencia, frecuencia, gravedad o severidad y el número de accidentes. Estos índices están basados en fórmulas normalizadas (ver ANSI, 1967), y son generalmente exigidos por las legislaciones de los países.
El problema fundamental, ya hoy ampliamente reconocido, es que, si bien estos índices clásicos pueden servir en el nivel macro para comparaciones entre empresas que se consideran similares, o contra un patrón sectorial, o entre períodos de tiempo de una misma organización, su utilidad para la gestión empresarial a corto y mediano plazo es muy limitada.
Incluso la utilidad en el nivel macro de estos índices es cuestionable, pues la falta de normalización de los conceptos que utilizan, y la casi ausencia de procedimientos y recomendaciones en la literatura disponible sobre el tema, ha traído como consecuencias la multiplicidad de tendencias en los sistemas informativos que se utilizan en las empresas (ver Brazier, 1994; Brazier & Black, 1995, para una revisión del tema).
Dada la ausencia de informaciones normalizadas es muy difícil comparar resultados, pues evidentemente cada fuente emisora de información puede reflejar fenómenos diferentes. Por ejemplo es normal encontrarse en la literatura, que el concepto accidente se defina según su duración: en algunos casos los que provocan ausencias de un día, en otros de mas de tres días, e incluso se puede encontrar que aunque no provoquen ausencia, la sola presencia de lesión ya defina al accidente.
Otra fuerte crítica a estos índices es que son retrospectivos, indican lo que pasó cuando la organización se encontraba en determinadas condiciones, las cuales probablemente no son las condiciones del momento en que ellos se están analizando, ya que la realidad de la empresa de hoy es muy dinámica. Por otra parte, no brindan información del tipo económico y financiero a la alta dirección para que ésta evalúe el impacto de la seguridad en el proceso de decisión estratégica.
No obstante, se empiezan a desarrollar otros conceptos de información que incrementan su utilidad en el proceso de gestión, y es su novedad relativa la que los hace relativamente débiles en estos momentos. Tómense dos ejemplos de los más conocidos, y que se están extendiendo con gran rapidez:
a) A los sistemas de reportes de incidentes críticos se les pueden señalar en principio las siguientes lagunas:
- Por lo general no hay una definición clara de lo que es un incidente crítico, y por tanto de lo que debe y lo que no debe ser reportado.
- Aún garantizando el mejor anonimato, los trabajadores pueden tender a recordar aquellos incidentes que estiman no son de su responsabilidad, y a "olvidar" aquellos que si lo son.
- Una vez reportados, generalmente se encuentran problemas para definir con qué profundidad debe cada uno ser investigado.
b) A la información sobre los costos de los accidentes:
- Aceptando cualesquiera de las definiciones teóricas de los elementos de estos costos, su operativización a nivel de empresa ha resultado muy difícil.
- Los modelos que establecen proporciones entre los elementos de costo, por ejemplo entre costos directos e indirectos, o entre asegurables y no asegurables, solo parecen a nivel de empresa, tener la validez de que no hay otro instrumento disponible para poseer alguna idea de sus valores.
- Puede deducirse que no existe ningún método suficientemente operativo para calcular el total de estos costos, con las consecuencias que ello provoca en los procesos de decisiones estratégicas.
Es imperioso que se desarrollen y/o perfeccionen nuevos tipos de datos, que permitan tener una visión mas prospectiva y dinámica de la seguridad. Por ejemplo los reportes de Favaro y de Veltri son estimulantes al respecto (Favaro, 1991; Veltri, 1992). Al mismo tiempo habría que diseñar formas de coleccionar esta información sin que produzca una gran sobrecarga a la organización, lo cual entre otras, es una de las causas de la no operatividad de los modelos de costos de los accidentes existentes.
Dentro del concepto de Seguridad Integrada (MAFRE, 1992), estos datos necesitan de formas de procesamiento y de integración al resto de la información que se genera en las organizaciones, que aún están por definir, además habría que garantizar que ella llegase a quien realmente la necesita en el nivel de decisión que sea, para que se puedan tomar las decisiones que le corresponda a cada quien.

El factor humano

El objetivo de cualquier sistema de gestión es influenciar la conducta de todas aquellas personas que dentro del mismo tienen diferentes responsabilidades para alcanzar un fin común. Quiere esto decir que un sistema de gestión de la seguridad para ser efectivo debe influir en todos los niveles para que se tomen decisiones que favorezcan a la seguridad.
A fin de cuentas, la responsabilidad por los accidentes tiene en su eslabón final al factor humano, ya sea en la persona del trabajador, en la del organizador del trabajo, en la del dirigente a cualquier nivel, en la del diseñador de la tecnología en cuestión, o en el que produjo el subsistema técnico. La definición de la responsabilidad, que es uno de los problemas de casi todos los procesos de investigación de accidentes, generalmente depende del nivel de profundidad con que se realice el análisis, lo cual es una decisión que también depende del factor humano.
Debe mencionarse que habría que hacer por tanto, una división por niveles para analizar el estado actual, desde los niveles regulatorios internacionales, hasta el trabajador de línea. Por ser tan amplio el espectro, nos concentraremos en el nivel de empresa, lo cual coincide con el objetivo de este trabajo.
Las vías para aumentar la seguridad y reducir a los accidentes no han variado en esencia desde su definición por los clásicos, ellas son: ingeniería, entrenamiento, motivación y disciplina. Lo que si ha cambiado, y ha tenido grandes tendencias, es el grado de aplicación simultánea y el peso específico de cada uno de los cuatro elementos en esa simultaneidad. En los momentos actuales se está reconociendo que cada vez más el peso específico se está inclinando hacia la segunda y la tercera de estas vías: el entrenamiento y la motivación (ver Planek & Fearn, 1993).
El por qué de esta tendencia actual lo podemos buscar por analogía: ello sucede por lo mismo que estas se han convertido en las vías principales para alcanzar ambiciosos objetivos de productividad y de calidad, sucede porque son las vías que involucran al reconocido recurso mas importante de las empresas: las personas.
La percepción individual y colectiva del riesgo ha jugado un papel muy importante en la investigación del factor humano en relación con la seguridad. Las causas del por qué unos individuos toman grandes precauciones y otros no frente a similares situaciones de riesgo, e incluso el por qué de que un mismo individuo se comporta de forma diferente según el contexto frente a un mismo o similar riesgo, han sido ampliamente investigadas y hay numerosos reportes en la literatura sobre el tema (Hale, 1986; Hale, 1990).
Consideramos importante destacar por su implicación para la gestión empresarial el concepto del grado de control. Según Hale (1986), y resumiendo la literatura citada en su estudio, este es "el grado de control el cual la víctima potencial puede ejercer sobre la ocurrencia del peligro". Aquellos que se consideran con conocimientos sobre el riesgo y con control sobre él, regularmente muestran un grado de preocupación menor, lo cual puede incluso constituirse en una gran fuente de subestimación del riesgo para personas muy calificadas, por ejemplo investigadores químicos o microbiológicos. Esto parece una gran contradicción, y por supuesto el problema está en lograr influenciar la conducta de estas personas en el sentido conveniente.
Hay otras acciones resultados de la gestión que pueden modificar negativamente la percepción del riesgo, por ejemplo y para seguir en la rama biotecnológica, el existir un programa de vacunación y un monitoreo sobre la salud, puede hacer sobrestimar la seguridad con que se trabaja en un laboratorio relacionado con microorganismos patógenos.
Los ejemplos anteriores significan que los gerentes y directivos deben considerar estos resultados empíricos en el proceso de gestión de la seguridad y asegurarse de tomar las medidas pertinentes.
Hay muchos modelos y teorías sobre la percepción del riesgo y la actuación en consecuencia del individuo (ver por ejemplo Rasmussen et al, 1987), quizás del que puedan obtenerse mas enseñanzas para la gestión de la seguridad sea del enunciado por Rasmussen (1990) sobre los tres niveles de comportamiento: basados en la habilidad, en las reglas, y en el conocimiento.
Sin pretender describir el modelo, se pueden enumerar algunas ideas que pueden obtenerse del mismo:
Primero, la argumentación de que no todo puede obtenerse a través de normas y reglas de seguridad.
Segundo, que las reglas de seguridad son escritas por un sujeto con un objetivo, y percibidas por otro sujeto de forma individual, esta percepción sólo tendrá posibilidades de corresponderse con el objetivo del redactor, en caso de que las reglas no entren en contradicción con otros objetivos del individuo a quien van dirigidas o del sistema a que responde, por ejemplo de rapidez, productividad, calidad.
Tercero, que los procesos de cambio normalmente reestructuran las percepciones de los individuos sobre los riesgos, e incluso pueden traer algunos nuevos producto de esta reestructuración. Por ejemplo el automatizar un proceso puede hacer que el operador confíe demasiado en ello, y en un momento dado subestime datos que indiquen la existencia de algún problema. Todo esto deberá ser previsto por la gerencia.
La redacción de las Reglas de Seguridad, la forma en que deben ser presentadas, la frecuencia en que deben actualizarse, el tipo de formación en que deben orientarse, e incluso el papel que realmente juegan en el mejoramiento de la seguridad, puede deducirse que es un campo que tiene un gran camino por recorrer, pues la práctica revela muchos fallos en su operabilidad (ver Hale, 1990b). Lo mismo se cumple para los Protocolos de Seguridad y los Sistemas de Ayuda a las Acciones Humanas para garantizar la seguridad, por ejemplo un sistema de expertos soportado en computadoras o integrado a un software de operación de una planta industrial.
La clasificación de los errores producto del comportamiento humano ha recibido también una notable atención en el mundo científico (Fraser et al, 1992; Rasmussen, 1990; Kirwan, 1992; Lydell, 1992).
Aunque los avances han sido apreciables en el plano teórico y a nivel de laboratorio, aún la utilidad práctica de las metodologías, sistemas de clasificación, y sobre todo, la definición de las acciones a seguir en un contexto empresarial relacionadas con la gestión de estos errores, no están disponibles para su utilización como herramientas a nivel de las organizaciones.
Un campo que ejemplifica lo anterior, es el referido a la capacidad de los expertos de evaluar el grado de riesgo real debido a la operación del, o parte del sistema por el ser humano (Hale, 1989). En efecto, se puede estimar la probabilidad de fallo de un componente, pero las técnicas que permiten estimar la probabilidad de fallo de una persona, aún se encuentran en su etapa mas inicial de desarrollo. Lo anterior implica la muy baja exactitud de los modelos que simulan la operación del hombre junto con elementos del hardware.
Somos del criterio de que, ubicándonos en un período corto de un sistema sociotécnico, donde los subsistemas técnicos y organizacionales están establecidos y no serán cambiados, solo la conducta del individuo frente a los riesgos es capaz de garantizar su seguridad, y/o la de los demás y la de la instalación.
Entonces, dada la complejidad del tratamiento individual de cada conducta humana frente al riesgo, y dada la poca operabilidad en la práctica empresarial de los conocimientos existentes sobre este tema, una variante para el tratamiento de los errores humanos o de la conducta frente al riesgo en general, consiste en desplazar las acciones desde el individuo hacia el colectivo al que éste pertenece.
En ese sentido coincidimos completamente con los criterios de Rasmussen (1990). Las tendencias europeas (Saari, 1992), norteamericanas (Planek & Fearn, 1993), y japonesas (Japan Industrial Safety and Health Association, 1994), confirman el criterio expresado en el párrafo anterior.
A nivel de los grupos o colectivos de trabajadores de línea, los conocimientos empíricos y su comprobación práctica han avanzado de forma extraordinaria, los éxitos mas impresionantes se han alcanzado con los Programas o Procesos de Modificación de Conductas, los cuales integran a un conjunto de técnicas grupales y psicosociales que, bien utilizadas, han demostrado ser muy potentes en el control de los riesgos y en la reducción de los accidentes(Saari & Nassanen, 1989, Krause et al, 1990, Montero, 1995). Estas técnicas abarcan entrenamientos, medición de resultados, motivación, propaganda, entre otros aspectos.
Lo cierto es que ellas no han sido aún realmente incorporadas en el mundo empresarial de forma masiva, lo cual de hecho ha limitado su potencialidad como herramienta de gestión. Esta situación demuestra que existe una brecha en la comunicación entre los niveles, y este es un típico problema de gestión. Deben ser también investigados la aplicabilidad y eficacia de este Proceso de Modificación de Conducta en disímiles objetos de estudio.

Los programas de gestión de la seguridad

Los sistemas de gestión de la seguridad necesitan todavía de un desarrollo que permita modelar a los procesos de toma de decisiones relativas a ellos. Aunque existe un conocimiento práctico de la mayoría de los factores que pueden incidir en lo anterior, no está clara su interrelación, y en nuestro criterio está aún menos clara la forma en que deben presentarse para una apropiada toma de decisiones.
Existen en la literatura muchas referencias sobre diferentes programas de gestión de la seguridad, pero nuevamente se nota una gran falta de información sobre cuáles de ellos ofrecen mejores resultados.
Esta situación vuelve a dejar al mundo empresarial sin criterios para la selección de uno u otro programa, pues la información sobre los resultados es principalmente anecdótica y llena de juicios cualitativos solamente, por lo que la implantación de uno u otro programa principalmente dependerá de la experiencia y quizás de cuanta propaganda ha recibido un programa dado.
En uno de los mejores estudios sobre el tema que se conoce (Guastello, 1993), el autor compara los resultados de 10 programas diferentes de prevención de accidentes, conocidos por los nombres de:
  1. Basados en la selección del personal
  2. Intervenciones tecnológicas
  3. Modificación de conductas
  4. Campañas de propaganda
  5. Círculos de calidad
  6. Ejercicios y manejo del estrés
  7. Reportes de incidentes críticos
  8. Basados en el Índice Internacional de la Seguridad
  9. Basados en intervenciones ergonómicas
  10. El Programa Nacional Finlandés
Aún cuando el autor señala algunos problemas metodológicos para comparar los programas entre ellos y destaca su estudio como un punto de partida y no como una conclusión sobre el tema, es interesante observar que, según el indicador empleado en el estudio, aquellos programas basados en la selección del personal y en los reportes de incidentes críticos resultaron los menos efectivos en la prevención de los accidentes.
Estos resultados cuestionan la utilidad práctica de dos de las mas antiguas hipótesis de la ciencia de la seguridad: la que plantea que algunos individuos son mas propensos a accidentarse que otros, y la de que por cada accidente, hay un número de incidentes con similares causas cuya prevención puede evitar al primero.
¿ Se derrumban estas hipótesis ó los programas son aún muy incipientes al nivel actual de su desarrollo ?. Otro enfoque puede ser: las hipótesis son ciertas, pero el actuar basado en ellas no ofrece mejores resultados que el actuar basado en otros principios de gestionar a la seguridad.
Los programas con mejores resultados fueron los basados en intervenciones ergonómicas y los de modificación de conductas, aunque los primeros, a pesar de ser utilizados en el estudio, no contaban con buenas descripciones de sus contenidos.
Por otra parte es hoy reconocido que los resultados de un mismo programa de gestión están influenciados por las diferencias sociales y culturales existentes entre las organizaciones, pero este es un aspecto que no está suficientemente explorado ni sistematizado, mucho menos existen recomendaciones comprensibles sobre cuál programa de gestión implantar dadas unas determinadas características culturales y sociales.
Otra área en la cual la investigación científica está solamente empezando es la referida a la integración de los diferentes sistemas de gestión que coexisten en una organización, el caso mas conocido por ejemplo es el de la seguridad y la calidad (Adams, 1991; Roughton, 1993; Viña et al, 1995).
En calidad, Deming - quien es uno de sus máximos exponentes - plantea que la dirección es el mas del 90 % del problema. La dirección controla los recursos, los entrenamientos, establece e implementa los métodos de trabajo, desarrolla e implementa las políticas y procedimientos, determina las inversiones y modificaciones técnicas, selecciona y asigna personal, y muchas otras cosas que tienen una relevancia demostrada para el control de la calidad y de la seguridad.
No hay causas mas parecidas a las que generan un accidente que las que generan un defecto, y si las causas son similares, entonces seguramente los métodos de gestionarlas para mantenerlas bajo control son similares también. Pero este supuesto no está suficientemente estudiado, y debe ofrecer conocimientos mas sistemáticos en los próximos años, que significarán mejores resultados a menores costos, ya que se integrarían funciones que hoy están duplicadas en la práctica por sus aparentes diferencias.
Otro ejemplo que pudiera señalarse es la relación entre los procesos de validación utilizados en la industria farmacéutica actual y los estudios de seguridad (Gillet, 1994; Concepción et al, 1995).
Los procesos de validación consisten en la toma de mediciones y en la generación de documentación, que prueben que los equipos y sistemas producirán consistentemente productos de una calidad suficientemente alta.
De la definición anterior puede deducirse la gran potencialidad de sinergia que existe entre la gestión de la seguridad y los procesos de validación, por ejemplo un incidente que sea reportado como un problema de seguridad puede inmediatamente conllevar a una validación del componente o equipo dado para comprobar que no afecta la consistencia de la calidad de los productos finales.
Por otra parte, los problemas detectados y las mediciones generadas por los procesos de validación, sin dudas son una valiosa fuente informativa, una vez convenientemente depurada, para la toma de acciones relativas a la seguridad.

Los investigadores y las organizaciones en la gestión de la seguridad

Las demandas dinámicas del mundo empresarial han provocado la aparición de nuevas exigencias para los investigadores organizacionales, pues citando una vieja idea de Kurt Lewin ¨no es posible entender a un sistema social sin cambiarlo¨ (Lewin, 1948). La gestión de la seguridad sin dudas necesita de cambios continuos en los sistemas sociotécnicos, ello implica rearfirmar su tendencia multidisciplinaria y la necesidad del uso de expertos en los procesos de renovación y cambio.
El problema radica en cómo se realiza este proceso. El enfoque tradicional es llamar a un investigador externo o a un grupo de ellos, se les plantea el problema, hacen mediciones y encuestas, analizan el problema, hacen entonces las recomendaciones pertinentes y en el peor de los casos se van, en el mejor ayudan a implementar las soluciones. Este es en nuestro criterio, un concepto elitista de la investigación aplicada.
En este modelo el investigador está por encima de lo que investiga, lo trata, aún sin quererlo, como algo inferior y consecuentemente, se desvincula de la realidad, luego le es muy difícil cambiarla. Lamentablemente este enfoque aún es el que predomina en el mundo (Argyris, 1985).
Únase a lo anterior la tendencia en seguridad a no realizar intervenciones multidisciplinarias (Vahapassi, 1993): se entrena al personal, se modifica un puesto de trabajo, se disemina información sobre seguridad, se compra e instalan equipos para el monitoreo ambiental, se implementa el uso de equipos de protección personal, en fin, pueden ser muchas las medidas del resultado del uso de expertos pero, ¿ realmente se logran cambios a largo plazo ?. La respuesta mas frecuente es lamentablemente no.
Nuevos modelos de participación de expertos en los procesos de cambio están tomando una gran fuerza en los últimos años), por ejemplo: La Investigación de Acción (Argyris, 1985), y la Investigación de Acción Participativa (Whyte, 1991). Ambas son dos de las teorías mas relevantes y aplicadas en el mundo, en esencia tienen como objetivos lograr el autodesarrollo de las organizaciones y garantizar la incorporación de los investigadores, no como los que provocan el cambio externamente, sino como elementos que se integran al grupo que produce el cambio, y que ayudan a inducirlo con la transmisión de sus conocimientos.
En la práctica de la seguridad esta es una vía que debe ser mas explotada por los investigadores, nuestras experiencias recientes utilizando estas teorías han resultado positivas (Montero, 1993; Cuesta y Montero, 1994; Montero y Cuesta, 1994; Montero, 1995).
La clave está en la participación, utilizando estos modelos de investigación aplicada todos los integrantes del grupo y no sólo los investigadores, crean nuevos conocimientos con sus propias terminologías a través de un proceso de aprendizaje que sigue los principios básicos del diseño y método de la investigación. Los miembros del grupo no son consultados pasivamente, ellos participan como creadores propiamente.
Estos modelos de investigación aplicada no están exentos de cuestionamientos: ¿ cómo deben participar según los problemas los investigadores ?, ¿ en qué pasos deben intervenir ?, ¿ cuándo deben retirarse?, ¿ inducen mediante el aprendizaje u ofrecen herramientas o metodologías hasta entonces sólo conocidas por ellos ?, ¿ hasta dónde llega realmente la participación ?, ¿ cuán generalizables son las experiencias de una intervención ?.

Conclusiones

Sólo algunas reflexiones sobre el estado del arte de la ciencia de la gestión de la seguridad reflejan que está en franco ascenso conceptual y práctico. Su desarrollo sin duda alguna tendrá una repercusión inmensa en el mejoramiento de la calidad de la vida, pues la seguridad está en la base misma de esta calidad de vida a que todos aspiramos en cualquier lugar que estemos.
A modo de resumen y sin que el orden se refiera a su prioridad, se tratarán de sintetizar aquellos aspectos que pueden representar futuras tendencias en la investigación aplicada de esta ciencia:
Resumen de posibles temas de investigaciones en el campo de la Gestión de la Seguridad
  1. Evaluación de la validez de los métodos de identificación y evaluación de riesgos.
  2. Adaptación de técnicas cuantitativas empleadas en altas tecnologías a las necesidades de las bajas tecnologías, y determinación de su potencial de uso.
  3. Herramientas que permitan predecir los efectos de medidas preventivas potenciales.
  4. Elaboración de procedimientos y definiciones normalizadas que permitan comparar realmente a las empresas sobre los resultados de su gestión sobre la seguridad.
  5. Definición de datos que permitan gestionar la seguridad de forma prospectiva.
  6. Formas de combinar estos datos con los datos clásicos, por ejemplo los que se generan después de ocurrido un accidente, para alcanzar un sistema armónico.
  7. Procedimientos eficientes de procesamiento y análisis de la información generada con los nuevos requerimientos.
  8. Procedimientos de integración de la información de todo tipo de sobre la seguridad con el resto del flujo informativo empresarial.
  9. Desarrollo de modelos contextuales que auxilien en la determinación del peso específico de la aplicación de las cuatro vías en que se agrupan las medidas de reducción de los riesgos.
  10. Refinamiento de las técnicas utilizadas en los procesos de modificación de conductas.
  11. Determinación de la validez de los procesos de modificación de conductas en contextos organizacionales dados.
  12. Validez de los modelos actuales que permiten estimar el riesgo del fallo humano.
  13. Integración de los modelos anteriores en un modelo integrado de estimación de riesgos de un sistema sociotécnico.
  14. Recomendaciones para la elaboración y gestión de reglas de seguridad, protocolos y sistemas de ayuda a las decisiones para garantizar la seguridad.
  15. Definición del papel y el peso específico que tienen las reglas y protocolos en el mejoramiento de la seguridad.
  16. Diseño de modelos que permitan evaluar las políticas y sistemas de gestión de la seguridad.
  17. Definición de la efectividad de los criterios y las técnicas existentes para evaluar a los programas de gestión de la seguridad.
  18. Comparación de diferentes programas de gestión de la seguridad.
  19. Determinación de los factores (tamaño, tipo, cultura, etc) que pronostican en una organización el éxito de uno u otro programa de gestión.
  20. Definición de la importancia relativa de los factores que determinan la seguridad para el proceso de toma de decisiones.
  21. Formas de presentación de estos factores para facilitar la toma de decisiones.
  22. Modelos y técnicas relevantes para facilitar la toma de decisiones.
  23. Desarrollo de modelos de intervenciones de expertos para perfeccionar a la seguridad e higiene.
  24. Determinación de la aplicabilidad y efectividad de las técnicas existentes para el uso de los investigadores y expertos en las organizaciones.

Bibliografía

  • Adams, (1991): The Quality Revolution, A Challenge To Safety Professional, Professional Safety, November:51-60.
  • Argyris, C. (1985): Action Science, Jossey-Bass, San Francisco.
  • American National Standards Institute [ANSI] (1967): Methods of recording and measuring work injury experience, Z16.1, New York.
  • Blake, R.P. (1963): Industrial Safety, 3ra. ed., Prentice-Hall, New York.
  • Brazier, A.J. (1994): A summary of incident reporting in the process industry, Journal of Loss Prevention in the Process Industry, 7(3):243-248.
  • Brazier, A.J. & Black, J. (1995): Potential sources of data for use in human factors studies, paper for The 2nd European Conference on Major Hazards, Manchester, October.
  • Concepción, E.; Viña, S.; Montero, R.; Gómez, R. (1995): Relaciones entre auditorías de calidad, validación y seguridad, ponencia presentada en Taller Problemas Actuales de la Seguridad del Trabajo, 27-28 de Septiembre, La Habana.
  • Cuesta, A. y Montero, R. (1994): Diseño del Trabajo, estrés y enfoque participativo, Ingeniería Industrial, 15(2):85-90.
  • Favaro, M. (1991): Gestión de la securité dans l’entrepise, Notes scientifiques et techniques de l’INRS, No. 85, INRS, Paris.
  • Fraser, J.M., Smith, P.J., Smith, J.Jr.W. (1992): A catalogog of errors, International Journal of Man-machines Studies, 37:265-307.
  • Gillett, J.E. (1994): The six-stage hazard study procedure and process validation, Pharmaceutical Technology Europe, October:58-65.
  • Guastello, S.J. (1993): Do we really know how well our occupational accident prevention programs work ?, Safety Science, 16:445-463.
  • Hale, A. (1986): Subjective risk, in Singleton, W.T. & Hovden, J. (Eds.): Risk and Decisions, John Wiley & Sons, London.
  • Hale, A. (1989): Achieving safe behavior, In: Gardner, A. (Ed.): Current approaches to occupational health, Chapter 16, Publishing Limited, Bristol.
  • Hale, A (1990a): How people learn to live with risk: prediction and control, Journal of Occupational Accidents, 13:33-45.
  • Hale, A. (1990b): Safety rules OK ?. Possibilities and limitations in behavioural safety strategies, Journal of Occupational Accidents, 12:13-20.
  • Heinrich, H.W. (1959): Industrial Accident Prevention, 4ta. ed., Mc Graw-Hill, New York.
  • Japan Industrial Safety and Health Association (1994): Practical Manual on Hazards Prediction Activities. Manual for Leaders in Zero Accident Campaign, Japan International Cooperation Agency, Tokyo.
  • Kakko, R. (1991): The Quantitative Risk Assessment (QRA) of major toxic hazards, Technical Research Centre of Finland, Publications 84.
  • Kirwan, B. (1992a): Human error identification in human reliability assessment. Part 1: Overview of approaches, Applied Ergonomics, 23(5):299-318.
  • Kirwan, B. (1992b): Human error identification in human reliability assessment. Part 2: Detailed comparision of techniques, Applied Ergonomics, 23(6):371-381.
  • Krause, T.R.; Hidley, J.H. & Hodson, S.J. (1990): The Behavior-Based Safety Process: Managing Involvement for an Injury-Free Culture, Van Nostrand Reinhold, Holland.
  • Koivisto, R.; Kakko, R.; Dohnal, M. & Jarvelainen, M. (1991): Accidental releases - fuzzy selection of adequation formal model, Journal of Loss Prevention in the Process Industries, 4(October):317-331.
  • Lewin, K. (1948): Resolving social conflicts, Harper, New York.
  • Lydell, B.O.Y. (1992): Human reliabilty methodology. A discussion of the state of the art, Reliability Engineering and System Safety, 36:15-21.
  • MAFRE (1992): Manual de Seguridad en el Trabajo, Cap. 15:1199-1261, ed. MAFRE, Madrid.
  • Montero, R. (1993): Reducción de accidentes de trabajo mediante el cambio de conducta hacia la seguridad, MAFRE Seguridad, 52(4):31-37.
  • Montero, R. y Cuesta, A. (1994): La Investigación de Acción: una estrategia participativa de intervención organizacional, ponencia presentada en: Simposio Internacional de Psicología Aplicada al Perfeccionamiento de la Dirección Empresarial, Marzo, La Habana.
  • Montero, R. (1995): Reducción de los accidentes de trabajo, utilizando una estrategia de gestión participativa de la seguridad industrial, Tesis Doctoral, ISPJAE, La Habana.
  • Montero, R. (1995): Psicosociología preventiva aplicada a la accidentabilidad laboral, Estudios Empresariales, 88(2):64-68
  • Planek, T.W. & Fearn, K.T. (1993): Reevaluating occupational safety priorities 1967 to 1992, Professional Safety, October:16-21.
  • Poucet, A.; Amendola, A. & Cacciabe, P.C. (1987): CCF-RBE common cause failure reliability benchmark exercise, Joint Research Centre, EUR 11054 EN.
  • Rasmussen, J.; Duncan, K. & Leplat, J. (Eds.) (1987): New Technoly and Human Error, John Wiley & Sons, Chinchester.
  • Rasmussen, J. (1990): The role of error in organizing behaviour, Ergonomics, 33(10-11):1185-1199.
  • Roughton, J. (1993): Integrating quality into safety and health management, Industrial Engineering, July:35-40.
  • Saari, J. (1992): Successful implementation of occupational health and safety programs in manufacturing for the 1990’s, International Journal of Human Factors in Manufacturing, 2(1):55-66.
  • Saari, J. & Nassanen, M. (1989): The effect of positive feedback on industrial housekeeping and accidents; a long-term study at a shipyard, International Journal of Industrial Ergonomics, 4:201-211.
  • Soukas, J. (1985): On the reliability and validity of safety analysis, Technical Research Centre of Finland, Publications 25
  • Soukas, J. & Kakko, R. (1989): On the problems and future of safety and risk analysis, Journal of Hazardous Materials, 21:105-124.
  • Vahapassi, V. (1993): Research - a tool for development or a playground for academics ?, African Newsletter on Occupational Health and Safety, 3(2):48-50.
  • Veltri, A. (1992): Evaluating the Safety Function: A conceptual model, Journal of Safety Research, 23(1):27-38.
  • Viña, S.; Montero, R.; Concepción, E.; Mho, M. (1995): En busca de la sinergia: integrando calidad y seguridad en la gestión, ponencia presentada en: Taller Internacional sobre Calidad y Desarrollo. Qualitas'95, Febrero, La Habana.
  • Whyte, W.F. (Ed.) (1991): Participatory Action Research, SAGE Publications, California.

Actualizado: 01/29/2002 10:49:30
Comentarios al Webmaster

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada